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Huaralenlinea rinde homenaje a José A. Quiñonez Gonzales: Feliz Día Fuerza Aérea del Perú

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El 23 de Julio se celebra todos los años, el Día de la Fuerza Aérea del Perú, al recordar la inmortal hazaña que en 1941, el Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales realizara en Quebrada Seca al tratar de expulsar a los invasores de nuestro querido Perú…

La situación existente entre Perú y el Ecuador indicaba que, las tropas ecuatorianas que ocupaban los puestos de frontera a lo largo de la línea del Rio Zarumilla – Quebrada Seca y la línea de alturas desde Casitas hasta Afiladeros, habían sido reforzadas.

Además, se había tomado conocimiento, en base a misiones de reconocimiento aéreo, que las reservas ecuatorianas se encontraban emplazadas principalmente en Chacras y Quebrada Seca, y su núcleo principal en la localidad de Arenillas…

La FAP recibió la orden de bombardear dichos emplazamientos. El decolaje de los aviones se inició a las 7.50 de aquella mañana del 23 de Julio, en Tumbes. Después del despegue, se pudo apreciar a los cuatro aviones tomando altura hacia el rumbo establecido, para dar cumplimiento a la misión asignada.
La 41 Escuadrilla, compuesta por las dos patrullas de aviones NA-50, mantenía una formación de cuña ligeramente abierta. Alberti y Paraud conformaban la primera patrulla y Quiñones con Rivera la segunda. Al llegar a los 2,000 metros establecieron vuelo nivelado rumbo a Zarumilla. Las condiciones meteorológicas eran buenas, cielo despejado.

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Divisado el objetivo, el avión guía, con el Comandante Alberti en los mandos, inició la rotura de la formación, con un viraje descendente a la izquierda, para ingresar a la primera corrida de ataque, seguido de su número dos, el Teniente Paraud; el fuego antiaéreo se hizo presente, pero los aviones continuaron su descenso hasta la altura de 800 metros para soltar sus bombas, las estructuras metálicas de los aviones recibieron impactos de la metralla ecuatoriana. El guía y el alero número 2 efectuaron la restablecida para iniciar un viraje ascendente y tomar nuevamente la altura requerida para un segundo ataque; mientras eso ocurría, el avión número 3, al mando del Teniente José Quiñones, efectuó un viraje descendente iniciando de esta manera la carrera de ataque hacia el objetivo asignado, el altímetro registraba la disminución de la altura. Quiñones estaba con la atención puesta en la mira de su aparato, al que llamaba “Pantera”. El Alférez Rivera, como alero número 4, había ingresado en carrera de ataque dejando los 2000 metros detrás del avión de Quiñones. El fuego antiaéreo se hizo intenso, ambos aviones continuaban su descenso hacia el objetivo por batir, de pronto humo y fuego brotó del avión North American NA-50 del Teniente Quiñones, la mirada de sus compañeros se fijó en el aparato herido, el pensamiento de que su joven piloto de 27 años haría uso de su paracaídas para salvar su vida, y del que todos conocían que tenía amplia experiencia ya que había pertenecido a la unidad que había sido organizada por el Teniente Comandante Ergasto Silva G. en Chiclayo, se diluyó rápidamente, porque apreciaron que el NA-50, herido de gravedad y envuelto en llamas, cobraba vida, gracias a la decisión de su piloto, quien en un acto de sublime desprendimiento, con gran coraje y valor, hizo uso de los controles para enrumbarlo hacia el objetivo en Quebrada Seca, hasta impactar en él, haciéndolo explotar y destruyéndolo.

El lema instituido en el Escuadrón se había hecho realidad: “Derribado pero so

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