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Lo último que se pierde es la esperanza.

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Pepe Ramos

Según la conocida leyenda, Pandora-princesa de la antigua Grecia – recibió una misteriosa caja que le enviaron de regalo los dioses celosos de su belleza. Le dijeron que jamás debía abrir el regalo. Pero un día dominada por la curiosidad y la tentación, Pandora levantó la tapa para espiar, dejando en libertad  las grandes aflicciones del mundo: la enfermedad, los malestares y la locura. Pero un Dios compasivo le permitió cerrar  la caja justo a tiempo para atrapar el único antídoto que hace soportables las desdichas de la vida:   LA ESPERANZA

He querido iniciar mis artículos del 2012, con el mito de pandora, para reflejar consciente o inconscientemente, la esperanza de un  mañana mejor para mis coterráneos, para mi sufrido, doliente y muchas veces acojudado pueblo de Huaral, ya que en las actuales circunstancias, no nos queda otra cosa, que sumergirnos en el inmenso mar de la esperanza, para poder sortear el infortunio que  desde hace mucho tiempo, ha anclado en nuestra provincia, de una manera casi apocalíptica, como si fuéramos un pueblo predestinado a permanecer desunidos, disparándonos los unos a los otros, sin ninguna capacidad  sinérgica, divididos permanentemente de una manera fratricida.


Que los últimos alcaldes que ha tenido Huaral, no hayan nacido en esta tierra, quizás sea un signo inequívoco, de cómo los huaralinos nos hemos aislados en una individualidad egoísta y hedonista, desprovista de cualquier posibilidad de  solidaridad y responsabilidad con la res pública, como dirían los romanos; el que la indiferencia sea nuestra norma de conducta, ha permitido que quienes hayan llegado al poder a través de las urnas, por la puerta grande del voto popular o por la ventana, a través de algún proceso de vacancia o suspensión, sepan que estamos desguarnecidos, vulnerables, desorganizados, descohesionados y hasta cierto punto, adocenados políticamente, sin la mayor voluntad para concertar y para defender nuestros legítimos derechos; en lo único que estamos de acuerdo los huaralinos, es que no estamos de acuerdo, recuerdo mucho la frase de un empresario amigo, que me señaló que el gran problema de los huaralinos es que no sabemos ponernos de acuerdo en nada, quizás tenga toda la razón.

Pero no obstante este panorama desolador, considero que  no debemos perder la esperanza, ni el optimismo ese primo hermano de la esperanza, ya que tenemos esa fuerza moral, que es la juventud, los jóvenes que no han sido contaminados por la sensualidad del poder, me dan esa esperanza, esa fe en un futuro distinto, donde podamos abrazarnos en un proyecto común y ser los arquitectos de nuestro desarrollo.

El actual alcalde, cuya provisionalidad pende sobre su cabeza, como una espada de Damocles, tiene  todavía la oportunidad, de engancharse con  Huaral, tiene que entender que el destino; “esa operación infinita e incesante de  millares de causas entreveradas”,  lo ha puesto como nuestro burgomaestre y sería una lástima que desperdiciara esta oportunidad, una pena y una desgracia para Huaral, lamentablemente debo decir, en honor a la verdad, que ha dado señales poco positivas, como la de traer funcionarios de afuera, y permitir escandaletes y corrupción; espero que cambie de actitud, sino volveremos a empezar esa casi quijotesca y kafkiana batalla, en la que nos encontramos sumidos los huaralinos desde hace tiempo, como en el mito de Sísifo: la de cambiar a los alcaldes; ¿estaremos acaso los huaralinos,  destinados eternamente a vacar ,suspender y revocar alcaldes? , es hora de cambiar de actitud, piénselo bien señor Bazán, todavía está a tiempo, la historia no da otra oportunidad, como diría  Chesterton “la vida no admite ensayos”.

 

 

 

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