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Exitoso Gastón Acurio alaba las bondades de la tierra huaralina

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Qué amable y generoso es el valle de Huaral. Amable por su clima templado y lluvia escasa en invierno y clima cálido y cielo despejado en verano. Generoso por su tierra bendita donde todo crece y florece.

Amabilidad y generosidad, dos virtudes esenciales para el buen vivir, que la cultura Chancay supo aprovechar al máximo hace siglos, gracias a una avanzada red hidráulica que les permitió convertir sus pampas desérticas en tierras productivas, aprovechar la riqueza incalculable de su mar,
, desarrollar la ganadería en sus lomas, aprovechar como fertilizante el guano de las islas, llevar a la artesanía especialmente la textil a su máximo esplendor y comerciar de todo con sus vecinos del norte y el oriente para llevar la fiesta en paz.

Virtudes que luego fueron explotadas desde una mirada mas bien aristocrático feudal durante la colonia y buena parte de la república y que luego aprovecharían incluso los japoneses que llegaron a trabajar en las haciendas del valle como peones, buscando las oportunidades negadas en su tierra lejana y que gracias a su esfuerzo y tenacidad lograron arrendar haciendas que los convirtieron en prósperos productores con gran influencia económica en el valle. Como el caso del señor Okada, quien llego como peón en 1909 y que veinte años después se convirtió en el hombre mas poderoso del valle.

Y así llegamos al Huaral de nuestros días, fruto de una larguísima historia iniciada por la población autóctona, a la que luego se le sumaria la española, la africana, la china y la japonesa, dando vida a un fascinante proceso de mestizaje racial y cultural que hoy podemos comprobar en su variada producción agrícola y sobretodo en una cocina regional deliciosa que los huaralinos celebran con orgullo y pasión.


Sus tamales de maíz blanco huaralino, sus escabeches de pescado, pollo, pato o pava, sus chicharrones, jamones, salchichas y rellenos hechos con el famoso chancho huaralino, la deliciosa patachi, una sopa de carnes, habas y arveja seca que se guisa largas horas, las papas a la diabla, el charquicán, el famoso chancho al palo hoy tan solicitado, la carapulca de mondonguito y mi plato favorito, el pato en ají a la huaralina, que alguna vez comí de la mano de don jorge, aquel hombre elegante y generoso que ofreció durante años en su restaurante huaralino lo mejor de la cocina huaralina con orgullo y amor a su tierra y su pueblo.

Anímense a hacer este pato en ají, receta de una honorable dama huaralina y con el, saborear la historia y el sentimiento del pujante y rico Huaral.

Los ingredientes son poquitos. Un pato tiernito y joven. un cuarto de taza de ají mirasol licuado, dos cucharadas de aji panca licuado y abundante ajo, listo.

Se corta el pato en cuatro trozos y se sazona con sal, aunque algunos gustan de echarle gotas de limón. En una olla se hace un aderezo con abundante ajo molido, el ají mirasol y el ají panca todo a fuego lento. Luego se agrega los trozos de pato los que dejamos cocer en olla tapada mezclando bien con el aderezo durante una hora a fuego muy muy lento.

El secreto esta en no echarle nada de agua a la cocino de manera que el jugo resultante sea fruto del encuentro entre el aderezo de ajíes y los jugos que botara el pato durante la cocción. Al final algunos gustan de echar un chorrito de buen pisco pero esto es algo opcional. Se acompaña con fréjoles, yuca y arroz o si gusta como se solis acompañar antes con la rica carapulca huaralina.

Provecho.

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