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Javier Alvarado y los panetones de la infamia

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José Ramos Casazola

 

Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano. Pedid un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte,
Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza, Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos,
Que no sepa de ira, y esté libre de deseos
Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila.  (Juvenal)

 

 

paneton

Mens sana in corpore sano es una cita latina que proviene de las Sátiras de Juvenal, la cita completa es “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano”, a propósito de esta cita, me contaba un amigo, cuyo nombre no estoy autorizado a revelar, que  nuestro presidente regional Javier Alvarado, es un hombre muy activo,  que se ejercita en el gimnasio varias horas y que sabe cuidar su cuerpo, y eso me parece muy bien, pero lo que no me parece bien, es  que durante las fiestas de navidad y año nuevo, vulnerando toda la normatividad vigente, nuestro “sesudo” presidente, haya tenido la desfachatez de repartir  panetones,  con sus obras impresas en las latas,  mostrando su rostro impúdico, como  prueba de su desvergüenza, narcicismo y  megalomanía; esta utilización indebida de la pobreza, con animus de propaganda política, es de por sí, reprobable, abyecta, deleznable y condenable desde cualquier punto de vista, ya que se usa nuestro dinero, para hacerse propaganda política, en una fecha que debe ser de amor, de paz y de solidaridad, con los sectores que son injustamente excluidos en nuestra región.


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En un programa de televisión nacional, se ha condenado este tipo de propaganda personal, y se han burlado  de la forma burda  y grotesca, con que el presidente se ha hecho presente en la navidad y al mismo tiempo se ha denunciado el hecho de que el presidente, no haya tenido el más mínimo reparo, en al menos, cuidar la redacción de la publicidad en las latas con panetones, donde existen  graves errores ortográficos, que  demuestran de manera palmaria, que nuestro  queridísimo presidente, es muy ducho en cuidar su cuerpo, pero no lo hace de la misma manera, con su espíritu y con su mente; ya que permitir, que repartieran las latas con  graves errores ortográficos, demuestra una ignorancia supina por parte de nuestro presidente, que explica  ahora, porque  la educación pública a nivel regional, está en el lugar que está y porque nos encontramos  tan mal en la prueba PISA, es evidente que con un presidente regional, que tiene una evidente indigencia intelectual y cultural, que ni siquiera sabe escribir correctamente su propia publicidad, no podemos exigirle más a la educación en nuestra región.

Sé, que muchos apologistas de Javier Alvarado dirán, que los errores ortográficos no son culpa del presidente, un momentito, sino es culpa de él, entonces de  quien es la culpa; según me cuentan, jamás una donación deja de ser supervisada por el presidente Javier Alvarado, todos dicen, que nada se emite sin la orden y verificación in situ del toro mayor,  lo que pasa es que el presidente Alvarado tuvo en sus manos las  latas  que contenían los  panetones,  las vio, las examinó, las revisó, pero como el pobre, no sabe cómo se escribe Laptops, el supuso que estaba bien escrita la palabra “Laptos”,   como el pobre,  no sabe  cuándo se escribe con mayúscula o con minúscula, ni tampoco  que debe existir un mínimo de concordancia en la redacción y no señalar por ejemplo “128 ambulancia”,  él pensó que estaba bien escrita  su ignominiosa propaganda electoral y dio la orden de repartir  los panetones de la infamia.

El presidente Javier Alvarado, es como ese alumno engreído, de la parábola de la sabiduría oriental, que creía saberlo todo  y haber alcanzado la perfección; el maestro Zen le da la siguiente lección: “tú te pareces  a un mosquito que se cree alguien importante. Al ver una brizna de paja flotando en una charca de orina de asno, levanta la cabeza y se dice: ‘Hace ya mucho tiempo que sueño con el océano y con un barco. ¡Aquí están!’. Esta charca de agua sucia le parece profunda y sin límites, pues su universo tiene el tamaño diminuto de sus ojos. Tales ojos solo ven océanos semejantes. De repente el viento desplaza levemente la brizna de paja y nuestro mosquito exclama ‘¡Qué gran capitán soy!’.  Si el mosquito conociese sus límites, sería semejante al halcón. Pero los mosquitos no tiene la mirada  del halcón”

El presidente Javier Alvarado puede contentarse con ser mosquito, cerrarse en  su limitado mundo y sentirse seguro y cómodo. Pero jamás será un  Halcón.

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