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Los 20 días que estremecieron la Región Lima.

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Por: Vicente Sánchez Vásquez (*)

Decidir un viaje de casi 30 días, tan innecesario como inoportuno, creyendo que el “piso estaba firme”; encargar el cargo a su vicepresidenta, sin tener ninguna idea de las decisiones que podía tomar, sobre todo si lo dejarían mal parado; y, tercero, regresar precipitadamente antes de tiempo para “poner orden en su propia casa”, revelan y demuestran el progresivo alejamiento de la realidad política regional que ha ido haciendo Javier Alvarado en estos 9 meses de gobierno como Presidente Regional.

Obviamente, esa alienación no empezó el 17 de setiembre, cuando toma el cargo Lita Román: Javier Alvarado ya no despachaba habitualmente en territorio regional, y desde hace varios meses era un Presidente Regional a medio tiempo pues estaba en una campaña de exposición de su figura personal a nivel nacional y dirigiendo la campaña de recolección de firmas y constitución de comités políticos de su nonato partido “Triunfa Perú” en todo el país. La distancia era tal que ni siquiera fue invitado para el nacimiento dela Mancomunidad del Norte Chico conformada por 3 de las 4 más importantes municipalidades de la región.

¿Cómo explicar entonces el significado político de la fugaz presidencia de Lita Román: una mujer honesta que quiso hacer los cambios que Javier Alvarado no quiso hacer y que toda la ciudadanía reclamaba, o una “desleal” acompañada de “facinerosos” que quisieron aprovechar la ausencia del titular para “bajarlo del poder”? Obviamente, las cosas no son tan simples y quedarse en esa disyuntiva no es suficiente para entender los hechos.

Lo primero que hay que decir, es que hace exactamente un año, las elecciones del 03 de octubre, abrían un nuevo panorama político regional con una novedad sorprendente: Javier Alvarado era el que pasaba a la segunda vuelta para competir con Nelson Chui, a quien luego derrotaría sin atenuantes en la segunda vuelta. Empezaba así un romance entre el nuevo líder y una nueva mayoría electoral con mucha dosis de esperanza. Luego llegaron los inacabables escándalos de sus funcionarios, su dualidad frente al tema de la sede, la exoneración de licitaciones, indicios de corrupción a todo nivel, ninguna obra importante en alguna provincia, y finalmente, un temprano interés en una nueva novia:la Presidenciadela República.Unaño después, ese romance ha terminado, y es Lita Román la que ha demostrado que los intereses personales de Javier Alvarado ya no encajan con los intereses colectivos de nuestra región.

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Lo segundo a mencionar es que la comparación entre Javier Alvarado y Lita Román desnuda la enorme limitación del titular. ¿Cómo explicar, que Lita Román, aparentemente sin experiencia política y sin fortaleza de carácter, haya podido tomar en 20 días las decisiones que Alvarado no las supo o no pudo tomar en meses, y encima con el beneplácito total de la gente? Conociendo la enorme egolatría de Alvarado, con certeza esto es lo que más hiere su orgullo personal, y motorizará la persecución que sufrirá la vicepresidenta en las próximas semanas. Triturar el naciente capital político de alguien a quien vio como “su subordinada” va a ser el objetivo primario del retornado presidente y su entorno.

En tercer lugar, lo sucedido ha revelado cuanto necesita Alvarado de sus socios Mufarech y Tello como escuderos políticos por la carencia absoluta de los propios en Patria Joven o Triunfa Perú. No hay duda que aunque han sido los únicos lo han hecho con la astucia de los viejos zorros políticos que son. Pero nadie crea que esto no le va a costar a Alvarado, y tratándose de esas dos joyitas, le va a costar bastante no sólo a él sino a toda la región. Lo que debe quedar claro para todos, es que ese triunvirato es y será responsable del desgobierno e incapacidad de la actual gestión regional.

Una cuarta reflexión es sobre el perfil de la oposición. En esta coyuntura no han destacado ni los congresistas, ni los alcaldes provinciales ni los partidos políticos, salvo el PPC. Las voces más notorias han sido los ex candidatos a la presidencia regional de Confianza Perú, Concertación para el Desarrollo y Fuerza Regional. Lo cierto es que no hay una oposición articulada ni un referente claro, lo cual limita su capacidad de influencia. Los próximos meses harán visible las nuevas tendencias en el campo opositor.

Finalmente ¿se abre un nuevo período político? La tendencia más segura parece ser la continuidad del proyecto presidencial de Alvarado (la clásica estrategia de retirarse con un salto adelante) para enfrentar desde el campo político las cercanas acusaciones judiciales que como fantasmas lo persiguen desde su época de alcalde de Lunahuaná. Alvarado podría optar por desistir de su objetivo presidencial, hacer una buena gestión regional estos 4 años y luego seguir adelante, pero ya en la entrevista de Caretas se ha autocalificado como un “elegido”, así que ésta línea de acción parece la menos probable. Por lo tanto, la tensión política regional, lejos de reducirse, va a aumentar los próximos meses. En resumen, la crisis de gobernabilidad ya está instalada, y el propio gobernante nos empuja a un escenario de hacer inevitable el proceso de revocatoria. Es la hora de unir política y ciudadanía para que el poder se dedique a su verdadero rol: servir al pueblo y no servirse de él para fines personales.

 (*) Secretario Regional de “Confianza Perú”

Región Lima, 08 de octubre de 2011.

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