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Sangre dolor y muerte por decisiones políticas erradas.

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polic-muertosLa Patria sufre las muertes de decenas de sus hijos, por la irreflexiva o arrogante decisión de nuestros gobernantes, de imponer sus decisiones a como dé lugar, a sangre y fuego, sin medir las consecuencias, ni escuchar consejos ni hacer una lectura adecuada de la realidad. Los muertos de Bagua y de la Estación 6 del oleoducto son todos peruanos y todos nos duelen, porque para este pueblo digno no hay muertos de primera y de segunda y por eso expresamos nuestras condolencias a las familias de los civiles y los policías caídos.

Esas valiosas vidas perdidas, cuyo número se debe informar con rigor y sin intentos macabros de ocultamiento, constituyen la triste secuela de una historia de desprecio y autoritarismo que no comenzó en la “Curva del Diablo” el pasado viernes, ni cuando las etnias selváticas advirtieron que, si no eran escuchadas apelarían a la insurgencia cívica, ni cuando la madrugadora maniobra artera de unos y la tardanza irresponsable de otros determinaron que el Congreso postergara el debate de los decretos cuestionados por los amazónicos, lo que pudo evitar el luctuoso desenlace; ni siquiera empezó el 9 de abril, con el inicio de la protesta amazónica.

El punto de partida está más atrás aún de la primera larga protesta de los amazónicos, contra los mismos decretos, realizada en el 2008, cuando consiguieron parar dos normas legales y arrancaron la promesa del Congreso, a la postre incumplida, de que los decretos serían derogados.


El conflicto comienza cuando el Ejecutivo, obsesionado en llevar adelante a como dé lugar el TLC con Estados Unidos, aprueba los decretos legislativos sin consultar con las etnias amazónicas, como debía hacerlo por mandato de la Constitución y de compromisos internacionales del Estado peruano.

Pero el problema de fondo se remonta a siglos de exclusión y sometimiento de los indígenas amazónicos, de avasallamiento de sus tierras y sus vidas, por parte de quienes sólo piensan en la avidez de riqueza. Con esa memoria, los nativos sienten ahora que quieren arrebatarles también el hábitat que han cuidado celosamente desde sus ancestros, la selva de la que viven, con la que viven y para la que viven.

Un gobierno responsable tendría que haber tenido en cuenta ese contexto para buscar el consenso antes de legislar o para enmendar la omisión dejando sin efecto los decretos, para elaborar después las normas en consenso con los nativos.

Todavía puede haber tiempo, si no se imponen el autoritarismo irreflexivo de quienes se niegan a asumir con humildad y grandeza sus responsabilidades, las que alcanzan a los altos niveles de gobierno y ameritan la dignidad de la renuncia de los directamente responsables, ya que resulta excesiva la demanda de quienes reclaman la vacancia presidencial.

Para recuperar la paz y el entendimiento hace falta dejar de lado las tendencias autoritarias que afloran en el Ejecutivo, pues a nada contribuyen actitudes como la del presidente de la República, quien ha pretendido, en una fecha magna para la Patria, usar a los gloriosos héroes de Arica para denostar a quienes, como los bravos del Morro, también supieron vestir el uniforme y poner el pecho en defensa de la Patria, en la Guerra del Cenepa.

Tomado del diario La Primera.

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