Por Oswaldo Carpio Villegas.

Un pobre diablo que ha leído unos cuantos libros de filosofía pero que no ha entendido absolutamente nada, funge de escéptico, cínico, “intelectual” y hasta pretende pasar por inteligente. Como el individuo es un “jorobado moral” hay que hacer un esfuerzo para que entienda.

Dice el infeliz que el hombre es malo como si dijera una verdad absoluta y como si la hubiera inventado. En el siglo XVI, Thomas Hobbes, escribió un libro fundamental, El Leviatán, en el que sostiene la tesis de que el hombre es el lobo del hombre y, para evitar que los seres humanos se entrematen entre ellos, propuso la vigencia de la ley, de acuerdos, de los contratos que se cumplen y son garantizados por el Estado que garantiza la justicia, el orden interno y la defensa como funciones básicas. Uno de los principales acuerdos en la vida civilizada es, precisamente, la Constitución que aceptada por todos, crea el Estado de Derecho y permite la convivencia humana. Sin leyes, sin orden, el “jorobado” moral estaría en el mundo que anhela.

Kant, al que el “jorobado” moral cita sin entender, promovió la ilustración, la libertad en el uso de la razón, la búsqueda de la paz (“La Paz Perpetua” que inspiró a la Liga de Naciones y luego a la ONU), y la construcción de una práctica moral, un acuerdo que denominó el imperativo categórico (actúa como si tus actos fueran leyes universales y que se sintetizan en una pregunta: ¿Es una ley moral lo que voy a hacer”?… por ejemplo: ¿Es una ley universal robar, difamar, hacer terrorismo de imagen, hacer campañas de demolición? Si no lo es no lo hago) y promovió una conducta ética fundamentada en la razón que ejercida en libertad y en la fuerza de la voluntad, busca derrotar las inclinaciones del “jorobado” moral.

Nietzsche, a quien “el jorobado” moral cita, también, sin entender, sostuvo justamente, que había individuos como el “jorobado” de marras, que habían prostituido la política a la que había que recuperar, precisamente, de estos canallas. Nietzsche comprendió que existe una voluntad de poder en los seres humanos, voluntad de vida y no voluntad de poderío como podría pensar “el jorobado” moral, voluntad que busca afirmar la vida y proyectar al ser humano como un sobre hombre y no como un “súper hombre” como creía uno de los “maestros” del jorobado que creyó que todo lo podía y todo lo sabía, como su heredero político.

La política, la cultura, la moral, las leyes, las leyes internacionales, los pactos, entre otros, buscan que los seres humanos evolucionen, progresen, avancen. Eso se llama civilización. Pensar la política sin un sentido moral es, justamente, lo que piensa el “jorobado” moral, es retrotraernos al todo vale, al lobo como lobo del hombre, al montesinismo, a las mafias grandes y pequeñas.

Montesinos, Fujimori y los que pretenden volver al poder, entendieron, siempre la política al margen de la moral. Buscaron el poder para satisfacer sus inclinaciones. No olvidemos a Montesinos, no solamente comprando conciencias en la sala del SIN. También haciendo negociados como venderle 10 MIL fusiles AKM a las FARC a cambio de toneladas de cocaína. Esa es la moral del “jorobado”. La política que sirve para levantarse a una mujerzuela o comprar un relojito de brillantes que denota la huachafería, el mal gusto y la necesidad de demostrar que el “jorobado” todo lo puede.

Una de los rasgos característicos de la década de los 90 fue el terrorismo de imagen. Si el terrorismo de Sendero Luminoso asesinaba de un tiro en la cabeza, el terrorismo de imagen con la televisión vendida, la radio y sus “periodistas” aceitadísimos y con los diarios “chicha” comprados, se dedicaron a difamar, destruir honras, mentir, calumnia. No se requería un tiro en la nuca. Simplemente demoler con infamias al “enemigo”. Esa es la moral del “jorobado” que da lecciones sobre cómo “demoler candidaturas”.

El discípulo del “jorobado” moral ha leído las declaraciones y ha salido a difamar, a mentir, a levantar su voz bifronte con el afán de engañar. El discípulo no quiere salir del closet, tiene miedo. No quiere decir que su equipo de campaña está formado nada menos que por él, el “jorobado” moral, Rafael Rey, Jaime Yoshiyama y Keiko Fujimori. ¿Por qué no sale del closet? ¿Por qué no dice quién es y a quién representa en realidad? Esta moral bifronte, es la que asesora “el jorobado” moral. Hay que repetir la mentira y cita nada menos que a Goebbels, el “pensador” del totalitarismo Nazi. Es que el “jorobado” moral no es consciente que simplemente proyecta lo que existe en su psique, en su mente, en su paupérrimo espíritu. El mecanismo de proyección siempre está relacionado con un trauma de infancia. El “jorobado” moral qué habrá vivido, qué traumas habrá sufrido que actúa con cinismo, con una enorme egolatría y vanidad, con una ociosidad acomodaticia desde la que intenta pasar por intelectual, informado, inteligente. ¿Por qué razón necesita un pequeño instrumento entre sus labios y en una de sus manos? ¿Tan grande es su inseguridad? Las lecturas elementales, superficiales, de manual, como supuesta inteligencia y “cultura que mostraba Montesinos en la salita del SIN en la que pontificaba de todo, no ayudan ni a la democracia, ni a la sociedad, ni a los jóvenes ni a las campañas electorales. Son simplemente, las proyecciones de un “jorobado” moral que cree escribir como un ser humano distinto, superior, irreverente. La verdad es que el “jorobado mora” escribe en “jorobado”, trasuntando una moral de pacotilla en la que muy bien puede ser el asesor y amigo de un personaje de ficción como el Padrino pero no de un estadista.

Las elecciones municipales requieren programas, estrategias, tácticas y conductas democráticas. La diferencia entre los ciudadanos honestos y los “jorobados” morales, reside, justamente, en el sentido que se le da a la política: sirve a la gente o sirve a los familiares y amigos, al partido, a la jauría para acomodarlos y hacer negociados, haciéndose de la vista gorda, porque, claro, para el “jorobado” moral así es la condición humana.

Todas las teorías del conocimiento demuestran que lo que el individuo percibe, ve, en realidad, lo que proyecta su mente, su carácter, su personalidad. Pobre “jorobado” moral, es víctima de sí mismo, de sus miedos, de su inconsciente, de la escuela de vida, de la familia, del partido, del lugar en el que se formó. Pero, tiene una virtud: es transparente: los mecanismos de proyección lo ponen siempre al descubierto y es fácil saber de la pobreza de su espíritu y de su absoluta inseguridad.

 

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